domingo, 21 de febrero de 2016

Himmler visita la Abadia de Montserrat.

Cuenta la tradición popular de la región que en la abadía catalana de Montserrat estaba cobijado el Santo Grial y que Himmler, sabedor de ello, se dirigió a la misma con la intención de recabar información sobre el objeto o, incluso, hacerse con él.


Cuando tuvo lugar la Entrevista en Hendaya entre Hitler y Franco, Himmler, encargado de la seguridad, aprovechó el viaje para visitar el Monasterio de Montserrat para obtener datos sobre el Santo Grial y la posibilidad de que estuviera allí (así como que montaña de Montserrat fuera la montaña de Monsalvat, según el poema épico medieval alemán, Parzival). Además, visitó Toledo tres días antes de este encuentro en Hendaya, también siguiendo la pista del Grial al haber sido la ciudad castellana una importante sede templaria, alquimista y nigromante.

Al parecer, sabedores de la calamitosa situación que la Iglesia católica arrastraba en Alemania principalmente debido a la manía paganista del Reichsführer, azote de curas y monjas, el abad titular de Montserrat, Antoni María Marcet, y su coadjutor, Ameli Maria Escarré, no quisieron recibir personalmente a Himmler, y dado que no podían negarle el acceso a la abadía, por tratarse de una importante visita de Estado, encargaron hacer de cicerone del líder nazi al joven religioso Andreu Ripol Noble, conocedor de la lengua alemana y cuyo valioso testimonio ha hecho que no quede en el olvido aquella singular visita de 1940.


Aunque existían otros lugares considerados guarida del Grial, Himmler siguió la tradición wagneriana que señalaba un enclave en los Pirineos, y consideró al Muntsalvatsche de Parzival la abadía de Montserrat. El joven Andreu Ripol recibió en la abadía a Himmler y a más de veinte de sus hombres negros, entre ellos el general Günter D’Alquen y el jefe de su Estado Mayor, Karl Wolff, que, según algunos autores, también era ducho en esoterismo y ciencias ocultas.


¿Qué interés había suscitado la abadía de Montserrat en alguien que se declaraba anticristiano y que pasaba por ser un enconado perseguidor de la Iglesia Católica?


Nadie en su sano juicio se hubiera molestado entonces en hacer segundas lecturas de una visita que parecía encorsetada en las reglas de la cortesía política. Pero más de seis décadas después sí podemos afirmar que Himmler fue a Montserrat en busca de un infalible talismán que le hiciera ganar la guerra y que le otorgara poderes sobrenaturales. El nombre de ese talismán lo pronunció sin balbuceos al atravesar la biblioteca del cenobio: el Santo Grial. Andreu Ripol fue testigo del vivo interés del jerarca alemán por la reliquia, pero lo más terrible aún, también lo fue de la recalcitrante obsesión que lo llevaba a afirmar que de Esaú descendían los judíos, y del hermano gemelo de éste, Jacob, los arios. En otras palabras, que Jesucristo era ario. Al parecer, cuando el Reichsführer contemplaba la reproducción del templo de Jerusalén que decora la abadía, exclamó: “la primera banca”.


Cuando la comitiva nazi pasó ante la imagen de la Moreneta, y Ripol comentó a Himmler que la costumbre era besar la efigie de la Virgen Negra, el nazi, visiblemente contrariado, le espetó que ya se encargaría él de acabar con tamañas supercherías.

Al parecer, Andreu Ripol no se anduvo con rodeos y le dijo al nazi que estaba equivocado en sus revisiones de las Escrituras. Ante la insistencia del Reichsführer de visitar la biblioteca del cenobio para buscar pistas sobre el Grial, se encontró con la férrea negativa del cura. El jerarca nazi parece que se marchó de allí desairado, y el conde de Mayalde reprimió después, por orden de Franco, la actitud de los religiosos.
Himmler acudió a Montserrat en busca de un infalible talismán –en este caso el Grial– que le otorgara poderes sobrenaturales que le permitieran ganar la guerra contra los “indeseables”; dada su obsesión por el ocultismo y el misticismo no es de extrañar. Sea como fuere y a pesar de su insistencia, nada pudo sacar en claro de la abadía catalana. Regresó a Barcelona a las 19.30 horas a través de la carretera del Bruch, donde cenó con personalidades del ayuntamiento y de la colonia alemana.


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